07 Dic 2017

Cosas que te pasan cuando te conviertes en una mujer deportista

No hace mucho me preguntaban qué es lo que más me había aportado Zorranbrokn a nivel personal. Supongo que lo que a lo que se referían era cuál ha sido el cambio más gore que me ha hecho dar Zorranbrokn. Mi primera respuesta fue, sin pensarlo mucho, “Ser yo” aunque al rato me di cuenta de que mentía. Porque realmente Zorranbrokn no me ha dado casi nada de lo que soy, solo ha sido la forma de expresarlo y asumirlo –al menos por mi parte-. La forma de ser que tengo ahora es gracias al deporte, al Crossfit ya que, gracias a él he aprendido muchas cosas de mi misma, he despertado partes de mi dormidas que no sabía utilizar y, por supuesto, he crecido a nivel personal de forma estratosférica. Y creo que no soy la única a la que le ha pasado algo así en su vida cuando decidió convertirse en mujer deportista. Y da igual si haces Crossfit o no, el caso es que ser una mujer deportista cambia mucho tu perspectiva de vida.

A ver, que tampoco es una locura, no es la panacea pero creo que, sin darte cuenta, el hecho de producir más endorfinas, más dopamina y más serotonina en tu día a día te hace cambiar, aunque sea de forma sutil e inconsciente. A pesar de que ser mujer deportista te hace cambiar –a muchas de forma radical-, lo cierto es que no te das cuenta hasta que no estás frente a una situación y te das cuenta, casi por arte de magia. Y sí, quizás las que antes no movíamos el culo del sofá, lo hemos notado de una forma mucho más radical que aquellas mujeres que, en mayor o menor medida, practicaban algún tipo de ejercicio casi a diario.

Muchas de nosotras sabemos lo que esto nos da, lo que nos aporta en nuestro día a día y, por supuesto, sabemos los beneficios que nos ha dado el Crossfit, aunque no es el deporte de los deportes ya que, a cada cual, le ha aportado una serie de cosas el deporte que realiza. Incluso a los runner. Y es que, ser deportista, te hace conocer una serie de cosas que quizás antes nunca te habías planteado, sobre todo te da conocimiento y poder sobre ti misma. Porque el deporte, al fin y al cabo, no es otra cosa que la demostración de quién somos en realidad, en los momentos más difíciles y donde solo estamos nosotros frente al mundo. Porque sí, en Crossfit está la comunidad, los compañeros, el amor incondicional y la entrega –en cuanto a ánimos se refiere-, pero aún así, en mayor o menor medida, siempre vas a estar sola.

Así que eso, te hace cambiar y no solo físicamente, sino que llegas a un nivel emocional y mental en el cual nunca creíste verte involucrada. Muchas veces te dicen que maduras con los años, pero lo que no te cuentan de verdad es que lo que te hace madurar es la vida en general y, por supuesto, las decisiones que tomas conforme vas avanzando por ella. Por supuesto, el hecho de encontrarte a diario con retos y ser capaz de resolverlos es lo que marca la diferencia, tu diferencia. Pero a parte de eso, hay muchas cosas que te aporta ser una mujer deportista y que no todo el mundo te cuenta.

mujer deportista

Las cuatro cosas que te da ser una mujer deportista

Te vas a hacer crecer

Como ya sabes, la madurez o el hecho de ser mujer no tiene nada que ver con la edad o con que te haya bajado la regla. Se nos vende mucho ese estereotipo como para que empecemos a hacernos cargo de la vida de los demás con la intención –o no- de que nos olvidemos incluso de la nuestra, porque claro, una mujer que mira más por ella que por los demás es una egoísta. Pero los años o el número de reglas que hayas tenido en tu vida, no te hace ser una persona madura, ni responsable ni cabal. De hecho, conozco a mucha gente que a pesar de estar un poco pasados de edad, son como niños o peor. Y no me refiero a que tengas ciertos comportamientos infantiles o ridículos –como yo, por ejemplo-, sino a comportamientos que están totalmente fuera de lugar. Por eso creo que, cuando te conviertes en una mujer deportista, creces. De forma irremediable e irreversible. Muchas personas, gracias a haberse encontrado con el deporte, han conseguido sacar una versión mucho más calmada, más sensata y madura de sí mismos. Y, por supuesto, a las mujeres deportistas nos pasa antes. Claro que puedes estar loca, pero no siempre eso significa que seas inmadura. Ser maduro no va con la edad, sino con la forma de pensar y de valorar tus pensamientos y los de los demás. Tendrás ideas diferentes, opiniones distintas, pero siempre reaccionarás mejor ante ellas gracias a la madurez que te aporta el deporte.

Por supuesto, no solo te hace ser mujer por el grado de madurez –mírame a mi-, sino que, por una vez en tu vida, vas a mirar a la mujer como lo que es: un animal fuerte y poderoso. Porque sí, porque hasta la fecha te habían vendido que las mujeres éramos débiles y que, claro, ¿cómo íbamos a hacer deporte de fuerza? Por eso, el deporte, te convierte en mujer. Te hace saber lo que vales, independientemente de lo que digan las revistas y la gente de ti; te hace atreverte y a experimentar con cosas que antes no te hubieses planteado; te hace conocerte a ti misma; te hace aprender de ti para que puedas darle más a los demás. ¿Eso no es hacerse crecer? Pues sí, lo es y, cuando te conviertes en una mujer deportista aprendes que, al mirarte al espejo, no importan las lorzas, ni las arrugas, ni los granos… Solo importa la sonrisa al final del día.

Te hace ver las cosas de otra forma

No sé si soy yo que se me ha ido la pinza –aunque mucha gente dice que nací sin ella- pero lo que sí que he notado y con diferencia, es que el Crossfit –y seguro que el deporte en general-, te ayuda a ver las cosas de una forma muy diferente. En el mundo en el que vivimos, es bastante raro que puedas tomar decisiones más con la cabeza y menos con el corazón o por propia inercia. Sin embargo, el hecho de ser una mujer deportista te hace cambiar esa perspectiva del mundo. Sí, afrontas las cosas con más ganas, más fuerza y más potencia –casi como su fuese un WOD- pero, aún así y aunque no lo parezca, haces las cosas con más cabeza. Porque el deporte te enseña a eso: a conocerte y a saber dónde están tus límites para que seas capaz de ir rompiendo tus propias barreras. Pero no de forma radical y drástica porque te haces consciente de que, en esta vida, todo lo que se hace sin pensar, suele salir bastante mal. Por eso, gracias al deporte, eres capaz de extrapolarlo a tu vida diaria y consigues ser más consciente de lo que haces.

Por supuesto, no tomas las decisiones sin haber pensado bien en lo que hay que hacer. La cabeza juega un papel importante en el deporte ya que, sin ella, sabes que vas a estallar y que no vas a llegar a ningún sitio. Pues en la vida, lo mismo y así es como aprendes a ver las cosas desde otra perspectiva, un poco más paciente, más sensata, más serena y más deportiva y deportista. Hacer las cosas con cabeza en cada entrenamiento en el Box, te hace ser capaz de discernir qué es lo que verdaderamente necesita que tú te tomes tu tiempo. Por supuesto, aquí entra en juego la capacidad de consciencia de uno mismo y hay que saber que aunque seas unas mujer deportista, no vas a ser necesariamente consecuente con tus necesidades, tus pensamientos y tus necesidades. Y te lo digo porque lo veo a diario en el Box, incluso en mi. Pero, al menos, tienes más probabilidades que alguien que nunca se ha visto delante de una barra a punto de hacer una arrancada y ha respirado hondo rezando para que todo saliese bien. Y sí, así es como al final, una mujer deportista aprende a ver y afrontar la vida: con paciencia y dos cojones.

Te va a hacer más fuerte

Sí, fuerte y no, no me refiero solo a físicamente, que también. Ya sea a nivel de cardio o a nivel músculo. Porque, quieras o no, cualquier deporte va a hacer que tu cuerpo sea mucho más resistente que el del resto de personas que se quedan tiradas en el sofá y eso es así. De todas formas, hacerse fuerte no siempre es algo físico aunque no lo creas. La mayoría de las veces tiene más que ver con algo mental y, como ya te he dicho, ser una mujer deportista te hace cambiar en muchos sentidos, sobre todo en el emocional. Ya te he dicho –también- que solemos hacer un poco el subnormal porque nos precipitamos a la hora de tomar decisiones y, claro, por lo general, hay pocas veces donde no la liemos parda. Y, queridas, ahí es donde entra en juego el deporte. Porque, quieras que no, te empiezas a conocer un poco, aprendes hasta qué punto estás dispuesta a dar, en todo lo que se refiere a ti, claro. Empiezas a hacer las cosas para ti, por ti y porque, por lo general, a TI te sale del mismísimo. Y eso, a lo que te acaba llevando, casi de forma inevitable es a darte cuenta de quién eres, pero sobre todo, a que te mole el tema y quieras hacerlo más y más, y más veces. ¿Por qué? Pues porque te has empezado a aceptar, con lo bueno, con lo malo y con lo peor de ti misma. Y eso, señoritas, es algo que nos pasa a las mujeres deportistas de una forma mucho más rápida que a las demás.

Además, te vuelves más resolutiva, más empoderada y mucho más ágil a la hora de ver las hostias venir –aunque no todas, no nos convertimos en Wonder Woman-. Eso es lo que va a hacer que, poco a poco te vayas enamorando de ti y que esto, tu nuevo “YO” que estás creando, te guste un poquito más cada día. No te voy a decir que no existan los días malos en los que no eches de menos quién eras o lo que tenías antes de descubrir el deporte, pero lo que sí te puedo asegurar es que cada vez son menos.

Te va a hacer quererte más

Por si te fuese a saber a poco todo lo que te he dicho antes, hay un último punto que es muy importante y que marca la diferencia –¡con diferencia!- entre las mujeres campechanas y las mujeres deportistas. Y es tan sencillo como que, con la mezcla y la unión de todo lo mencionado con anterioridad… ¡¡te vas a querer!! Sí, bueno, a lo mejor no siempre y no del todo, pero al menos vas a empezar a reconocerte y aceptarte que siempre son los primeros pasos del quererse. Sí, ya sé que hasta las mujeres deportistas estamos llenas de estímulos que nos hacen querer ser físicamente perfectas. Es así y no se me olvida que vivimos en una sociedad heteropatriarcal y que, desde pequeñas nos educan a que calculemos cada gramito de grasa pero eso, a una mujer deportista –y más si lo es de un deporte de fuerza- le da como que igual. Es ahí donde empiezas a quererte más. porque el deporte te enseña a querer a tus imperfecciones, desde las manos de leñador hasta las estrías por subir y bajar de peso –sí, eso incluye la celulitis-. Aprendes que el peso, que la grasa, que la chichilla por encima –o por debajo- de las gomas de la ropa deportiva NO importan porque simplemente suman. Y tú, sabes que todo lo que suma es beneficio seguro para ti, tu cuerpo y tu mente. Por supuesto, ser una mujer deportista te hace tomar mucha más consciencia de que las mujeres somos todo lo contrario a lo que nos han dicho siempre que somos, por lo que, inevitablemente te vas a ver de una forma mucho más importante, más empoderada y más tremenda que antes, sin importar que encajes más o menos en los cánones sociales. Y no te importará, sencillamente porque vas a encontrar a muchas más mujeres deportistas que te van a ayudar a que tu camino, lejos de ser difícil y solitario, sea increíblemente divertido.


Zorranbrokn

Una chica más hablando de CrossFit y de todo lo que ello conlleva. Aunque un poco cruel y algo zorra, pero con amor. Always

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