21 Mar 2018

Por qué cuidar de tu intestino es primordial

No sé cuántos de los que estáis leyendo este artículo sabéis que yo sufro de SII –Síndrome del Intestino Irritable-, una enfermedad que afecta al sistema digestivo y aunque me gustaría decir que sí, nadie tiene ni puta idea de por qué aparece, desaparece, muta, mengua o crecen sus síntomas. Básicamente, cuando un médico te dice que tienes Colon Irritable o SII –al final es lo mismo-, lo que te está queriendo decir es que no tiene ni puta idea de qué le pasa a tu intestino, pero, básicamente funciona mal y algo te tengo que decir para que me dejes en paz. Así, en resumido y después de mil pruebas, esto es lo que implica tener una de estas enfermedades.

Más allá de eso, el SII, el Colon Irritable o cualquier anomalía intestinal, por lo general, conlleva una serie de problemillas varios, aunque principalmente –lo más común- genera dispepsia, dolor abdominal, mala absorción de los alimentos, aumento de inflamación de las articulaciones, retención de líquidos, diarreas o estreñimiento –según la época- y, Froning no lo quiera, sangrado. La mayoría de estos problemas intestinales, nace de un sistema digestivo deficiente –que puede ser crónico o no- y que se agrava con el paso del tiempo si no tenemos en cuenta algo muy importante: que el intestino –de cabo a rabo- es el segundo cerebro de nuestro organismo. Y, dentro de este cerebro, viven una serie de organismos que hacen que funcione bien o no, más conocida como la microbiota. Si nos la jodemos, ¡¡la llevamos clara!!

¿Qué es la microbiota?

Puede que este vocablo te suene o puede que no, porque tenemos muy poca información sobre nuestro intestino y, mucho menos, se nos avisa que es el órgano donde –principalmente- se originan la mayoría de enfermedades ya que de él –en gran medida- depende el buen funcionamiento del cuerpo al completo ya que es el encargado de hacer que los nutrientes existan en la forma adecuada y el momento adecuado.

Por si no lo sabes, nuestro organismo está compuesto por células humanas –obvio- pero también por células bacterianas ya que vivimos en un mundo microbiano y, seguramente, haya más vida en las bacterias de tu mano que en la faz de la tierra en este mismo momento. Sí, da cosa, pero es así. Y esas bacterias –a pesar de lo que crees- no son todas malas, las hay buenas y malas en tu organismo, pero ambas están ahí para que tu cuerpo funcione como debe. A todos estos organismos se los conoce como la microbiota y, una de sus principales zonas de actuación, es el intestino ya que es donde más bacterias se necesitan para destruir los alimentos y pasarlos a sangre en forma de nutriente o no. Estas bacterias, superan con creces nuestros genes y se consideran algo así como nuestro segundo genoma aunque con una diferencia: nuestro genoma es fijo y el suyo es moldeable, por eso puede haber una deficiencia o no de bacterias que afecte a nuestra microbiota. Al final, la microbiota no son más que las bacterias que viven en nuestro cuerpo, a veces en mayor cantidad o menor –esto es lo que causa estragos en nuestro organismo-, y se encargan de “alimentarse” de la fibra que consumimos, sobre todo la fibra soluble presente en frutas, legumbres… y también de fibra insoluble presente en verduras y frutos secos sobre todo. Cuando se alimentan de esta fibra, producen unos compuestos que se llaman ácidos grasos de cadena corta que se ha visto que pueden ser muy beneficiosos. Una mala microbiota no es más que el principio de un posible fallo multiorgánico si no se controla y entiende.

¿Qué hace la microbiota en nuestro cuerpo?

Entendido el primer punto –qué narices es eso de la microbiota-, es un poco más fácil entender por qué es tan importante cuidar de nuestro sistema digestivo, casi más que el cerebro. Sí, sé que de siempre se nos ha dicho que hay que cuidar mucho nuestra cabeza y corazón porque son los órganos principales que hacen funcionar el cuerpo, pero lo que no nos dicen casi nunca es que es tan importante cuidarlos a ellos como al intestino porque, si el intestino falla, es bastante probable que todo empiece a fallar, incluso el corazón y los pulmones. ¿Por qué? Pues porque como ya te he dicho, la microbiota intestinal es la que se encarga de regular y hacer que los alimentos lleguen a nuestro organismo como deben llegar. Si esta está dañada o muerta, nuestro organismo no va a ser capaz de regularse y, por lo tanto, tendremos los síntomas que ya os he dicho antes. Aunque apenas se le ha dado importancia, la microbiota es lo más sensible e importante de nuestro sistema inmunológico porque se encarga de muchas funciones que son esenciales para que nuestro cuerpo sea la máquina perfecta que tiene que ser.

Trabajan nuestro sistema inmune

Muchas enfermedades autoinmunes se originan en el intestino debido a problemas con la flora y fauna intestinal. Un mal funcionamiento del sistema digestivo es sinónimo de problemas en el sistema inmune y la respuesta inflamatoria, de ahí a que las personas diagnosticadas de SII o de Colon Irritable padezcan dispepsias acuciantes.

Regula el metabolismo

Al ser la microbiota la encargada de “deshacer” y ordenar los nutrientes que nosotros ingerimos, una mala regulación de las bacterias intestinales puede influir mucho en la absorción de los nutrientes y en nuestra respuesta metabólica a los nutrientes. De ahí a que, por ejemplo, cuando como algo que no tolero tenga dolores intestinales –por mala respuesta metabólica al alimento en cuestión- y, además- diarreas o estreñimiento según le dé a mi cuerpo por una mala absorción de los nutrientes en cuestión.

Ayuda frente a enfermedades.

Una microbiota fuerte y sana, hace que nuestro cuerpo no sea un caldo de cultivo para microbios o bacterias patógenas que puedan provocarnos alguna enfermedad. Además, estas bacterias producen butirato que hace que se genere un tipo de ácido graso único que aporta energía al cuerpo y nos protege de enfermedades como el cáncer de colon. Así mismo, ayudan con la síntesis de algunas vitaminas y aminoácidos esenciales para el cuerpo.

¿Qué pasa si no cuidamos nuestro intestino?

Si hay algo de lo que ya se han quejado muchos especialista y que se ha mencionado en numerosos estudios, es que apenas se le está dando importancia –REAL- al intestino y la importancia de su correcto funcionamiento. Una de las cosas que más desequilibra nuestra relación simbiótica es nuestra forma de vida actual que es la principal causa de una microbiota disfuncional: el estrés y la alimentación poco natural que llevamos a día de hoy son las principales causas de ello.

No hay una microbiota única, sino que varía en función del lugar en el que vivas y lo que comas, por lo que estas bacterias se adaptan a ti y –principalmente- a tu alimentación. Por eso, la pérdida de diversidad bacteriana a la que estamos sometidos día a día, es el principal problema de muchas de las enfermedades del siglo actual. Es extraño ver que, aunque vivimos en las zonas más ricas, somos los países con más enfermedades de sistema inmune y, queridos, esto se debe a que el sistema digestivo que nos estamos labrando es una mierda. Por supuesto, esto tiene una consecuencia bastante clara: disfunción en la microbiota = disfunción sistema digestivo = enfermedad.

Disbiosis

Aunque suena a muy chungo, no es tan difícil de entender y explicar como parece. La disbiosis no es más que un desequilibrio de la flora intestinal que acaba afectando –más o menos seriamente- al correcto funcionamiento del sistema digestivo. Esta patología es –grosso modo- causada por el aumento de bacterias “malas” en nuestro intestino que son las que segregan tóxicos como las aminas, el amoníaco, etc. Esta enfermedad puede desarrollarse por un montón de causas: estrés, abuso de medicamentos –sobre todo antibióticos-, dietas altas en proteínas, dietas alta en ultraprocesados, etc… Algo muy común en nuestra sociedad. Si a eso le añadimos la creciente obsesión por dejarnos el gluten o hacer dietas restrictivas en hidratos, ¡más probabilidades tenemos de acabar con una disbiosis! La acumulación de bacterias nocivas hace que nuestro sistema digestivo no sea capaz de absorber los nutrientes de forma adecuada, llegando a producir inflamación abdominal, fatiga general, alergias alimentarias, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn o cáncer de colon. Además, la disbiosis provoca déficits de magnesio –provoca espasmos musculares-, déficit de cobre –provoca aumento de colesterol- y déficit de lito –provoca desórdenes emocionales-. Y, por si fuera poco, puede afectar y potenciar enfermedades “satélite” como la artritis, la fibromialgia, Parkinson o, incluso autismo. Para prevenir la Disbiosis, lo mejor es tener una dieta equilibrada, rica en prebióticos –fibra- y en probióticos –lácteos y leches fermentadas-.

Síndrome del intestino permeable

Algo que hay que tener claro desde ya –y que los de ciencias deberían saber- es que lo que comes no entra directamente a tu cuerpo tal como lo comes, sino que entra en forma de micropartículas –nutrientes, vitaminas, etc-. Para que esto pueda pasar, tu sistema digestivo y, por lo tanto, todo tu intestino, está recubierto por una capa de mucosa intestinal que hace que lo que hay en él, no esté en él. Es algo así como una bolsa dentro de ti. Las células de la mucosa, recubren tus paredes intestinales y, por decirlo de alguna manera, son la defensa para tu organismo pues ellas deciden qué pasa y qué no hacia el torrente sanguíneo. Un intestino permeable, implica que entre esas células hay espacios que hacen que no haya un filtrado real de los nutrientes y que por ahí se cuelen “trozos” de comida y bacterias. Aunque esto pasa también en intestinos sanos, pasa MUY poco y el sistema inmunológico –donde se concentran la mayoría de los anticuerpos es en el intestino- actúa frente al “ataque” a pequeña escala pero esto no es lo que pasa cuando el intestino es permeable, ya que no hay filtrado y se cuelan muchas cosas a la vez y, por lo tanto, hace que se cree una respuesta inmunitaria en masa. Este “ataque” provoca inflamación en cualquier parte del cuerpo, aunque por lo general suele ser abdominal. Esto pasa en el mejor de los casos. En el peor, puede pasar que tu sistema autoinmune pierda la capacidad de distinguir entre células propias y ajenas y ataque a tus propios tejidos, provocando alergias, acné, cansancio crónico, enfermedades autoinmunes, depresión, pérdidas de memoria…

Sobrecrecimiento bacteriano o SBID

En todo nuestro intestibo hay bacterias, buenas y malas, pero, en el intestino delgado SIEMPRE debe haber la misma cantidad de bacterias que cuando nacemos, básicamente, no hay cambios a no ser que tu sistema digestivo funcione mal, claro. En ese caso, puede ser que tengas un aumento de las bacterias –buenas y malas- en el intestino delgado, provocando un desequilibrio y alteración en la forma de procesar los alimentos –algo que pasa en el colon-. Un aumento de la flora en este intestino, implica dos problemas: que se coman nuestros alimentos –haciendo que no lleguen al colon- y que nos provocan fermentaciones dolorosas. Esto puede provocar gases, dispepsia, reflujo, ardor estomacal…

¿Cómo proteger tu sistema digestivo?

No hay una cura real para que tu intestino vuelva a funcionar bien, eso solo te lo da el tiempo y tu “buen comportamiento”. Obviamente, esto es como todo: cuanto más te cuides, antes te recuperarás. Pero aún así, es bastante complejo salir de alguna enfermedad derivada de una pérdida de microbiota.

Aún así, llevar una dieta equilibrada y REAL, te ayudará a combatir los efectos de un intestino que funciona mal y, por supuesto, a evitar las enfermedades que te he dicho. Las dietas altas en fibra –con cereales, legumbres, fruta PERO NO ZUMOS y mucha verdura-, así como los probióticos y los prebióticos –ya sean naturales o no-, te ayudarán a mantener una microbiota sana, fuerte y regulada, haciendo que tu intestino funcione de forma correcta, sin desequilibrios. Evitar las dietas en las que incluyamos –en exceso- los procesados o los alimentos altos en hidratos de absorción rápida y altos en azúcares, es lo mejor que puedes hacer. Es decir, que por que te comas un donut no pasa nada –si no estás enfermo ya-, pero si es un donut en cada comida pues sí. Las dietas hiperprotéicas

Por eso, hay que empezar a mirar más allá del tema de que la dieta es un mero trámite para estar delgados o en un peso en concreto, sino que la dieta es tu pasaporte a una “vejez” tranquila, sin problemas intestinales o enfermedades derivadas –parkinson, artritis, problemas coronarios, etc-. No hay milagros, solo un poco de paciencia –o mucha-, buena alimentación, preocuparse por la salud y cuidarse.


Zorranbrokn

Una chica más hablando de CrossFit y de todo lo que ello conlleva. Aunque un poco cruel y algo zorra, pero con amor. Always

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