12 Mar 2018

La hipersexualización, el deporte y las redes sociales (Parte I)

Seguramente, con este artículo, a más de uno le dé por criticarme y aunque me va a joder demasiado, no voy a dejar de hacer mi trabajo. Puede que sí, que sea yo sola la que ve este tipo de cosas y puede que el “salir del anonimato” me haya hecho verlas de forma mucho más clara y determinante a la hora de saber qué he venido a hacer por estos lares. Pero la verdad es que, desde que me veo en la obligación –que no ganas, lo digo ya- de exponerme a través de las redes sociales, me he dado cuenta de que la hipersexualización nos ha ganado la batalla desde hace mucho.

Muchos me van a llamar loca er coño, otros me dirán que esto ya pasa desde hace muchos y, otros tantos, dirán que no es tan grave pero realmente… ¡sí lo es! Y no solo porque se esté generando un nuevo modelo sociocultural para que el no estamos preparados, sino porque creo que esta hipersexualización no hace más que aumentar y, realmente, nos está provocando una serie de comportamientos poco saludables a nivel físico y mental.

¿Qué es la hipersexualización?

Aunque la RAE no contempla esta definición en su súper diccionario –pero sí acepta “cocreta”, ojo-, la hipersexualización no es más que la tendencia a enfatizar el valor sexual de la persona por encima de cualquier otra cualidad que pueda definirla. ¿Suena feo? Pues es lo que hay y como bien dice Nayara Malnero, psicóloga, sexóloga y autora de Sexperimentando, vivimos en un mundo en el que constantemente se nos está bombardeando por todos lados con señales sexuales, creando una tendencia a la hipersexualidad. De aquí, ni más ni menos, nace esa hipersexualización de las cosas y de las personas y más ahora que, las redes sociales son las amas y señoras de nuestra forma de relacionarnos.

Como bien señala Nayara, Internet es una puerta abierta a la exposición y al bombardeo del sexo en todos sus aspectos: desde el más “inocente” post en Facebook de una chica en bikini a un vídeo en el que sale un chico meneándosela y un colega tirándole un petardo. Porque eso son las redes sociales: la exposición de nosotros mismos de una forma que, hasta la fecha, nos era más que desconocida y que, como bien dice Malnero, nos lo sigue siendo: “No es que esta hipersexualización sea mala en sí misma, sino que nosotros no estamos bien educados en material sociosexual para poder afrontarlo. Estamos bombardeados por todos los lados por una información que no sabemos gestionar”. Y con tan solo la respuesta de la pregunta de “¿Cómo se liga ahora?” y que sea “Por Instagram” nos lo dice todo, creo.

Vivir en una sociedad tecnológica como la de hoy, hace que sea prácticamente inevitable que las personas tengan la necesidad de juzgar al resto por su apariencia física ya que, como siempre, lo que más vende es la sexualidad. Sin embargo, a pesar de que en los grandes medios –tv, radio y prensa-, empezamos a entender su uso, parece que en redes sociales, esta criba o esta diferenciación no existe –y lo digo porque sino no estaría haciendo este artículo-. “Todos creemos saber mucho de sexo, todos nos exponemos (o somos expuestos de forma constante) a situaciones sexualizadas y, sin embargo, muy pocos contamos con los recursos suficientes (información, habilidades y seguridad en nosotros mismos) como para afrontar todas estas situaciones sin acabar tendiendo a generalizar o esteriotipar ciertos comportamientos, actos, dichos y/o situaciones. El sexo vende, eso está claro, pero nosotros seguimos vendiéndolo mal y pronto, generando patrones negativos de comportamiento, concepción y percepción de la sexualidad y del sexo, potenciados por la desinformación, los tabúes y las falsas creencias que perpetuamos”.

La hipersexualización a nivel sociocultural

Por supuesto, si habéis entendido el tema de la hipersexualidad y la hipersexualización, ahora mismo andaréis un poco escandalizados y, solo os digo que, ¡si sois padres deberíais estarlo más! Obviamente, toda esta sobredosis de sexualidad crea y recrea una serie de comportamientos que, a nivel sociocultural, NO SON SANOS. Esto es un poco como el tema del azúcar: cuanto más anuncio sobre cosas con azúcar, más gente obesa. Pues, en cuanto a la venta del sexo y de la sexualidad, pasa más o menos lo mismo: cuanta más hipersexualización a través de las redes sociales, menos respeto entre personas y, por supuesto, menos valores sociales.

No es que me haya vuelto una nazi de las redes sociales –me encanta cuando me dice que soy nosequenazi-, porque yo también las uso –aunque más por obligación- para poder desarrollar mi trabajo, pero es cierto que está cambiando nuestros parámetros de conducta –OTRA VEZ- y nos está llevando por un sendero que, bajo mi punto de vista, no es el que necesitamos y mucho menos, necesitan las generaciones venideras. Es un poco difícil de explicar pero estoy segura de que si te doy un ejemplo, lo entiendes:

¿Cuántas veces has entrado en Instragram, has visto a una tía/o en plena fotopostu de gym, con sus abs, con sus piernacas y con su todo y has pensado “Joder, ¡qué envidia! Ya me gustaría estar así a mi” y te has planteado hacer una dieta restrictiva SOLO para no sentirte fuera de lugar?

Ahí lo tienes. En esto estamos derivando y, como bien dice Roberto Sánchez, voz de NuFiSa y futuro dietista-nutricionista, “El problema fundamental de todo esto, lo veo en los complejos que genera querer parecerse a tal o cual. ¡¡QUE NO!! Que lo que importa es mejorar tu persona, llevando un estilo de vida que se adapte A TI” y es que ese que ves en Instagram, “con tableta no es más saludable que uno que no la tiene, al igual que una mujer delgada y atlética tampoco es sinónimo de más salud. Es más, muchos de estos cuerpos femeninos esconden pérdidas de menstruación por dietas demasiado restrictivas o, en el caso de los hombres, problemas hormonales y de atrofias testiculares por el uso –y abuso- de sustancias químicas”.

Como veis, el abuso de la hipersexualización a la que todos estamos expuestos no es moco de pavo. Y es que, es inevitable que, en una sociedad regida por la cantidad de likes que tiene tu perfil, no se generen nuevos problemas socioculturales y se sigan desarrollando y aumentando problemas conductuales contra los que, supuestamente, estamos acabando.

Más machismos que antes

Una de las cosas en las que insiste –siempre- Nayara es que, la hipersexualización en una era social en la que hasta los más pequeños tienen acceso a dispositivos móviles y a Internet, hace que los niños tengan acceso antes que nunca al sexo: desde una imagen relativamente subidita de tono en Instagram a una web de vídeos de pornografía. El problema real no es este, esto solo es la punta del iceberg. El problema real -el que debería preocuparnos- es que pocos adultos son capaces de lidiar con este tipo de cosas de forma sencilla y coherente para la época que vivimos ¿Los niños ven porno? Pues sí, ¿y quién no a estas alturas? Ahora es tan fácil ver porno como poner “Incógnito” y buscar en Internet pero antes no era así de sencillo. Esto provoca que, el sexo, siga generando ese tipo de amorodio -no solo los más jóvenes que sienten la necesidad imperiosa de esconderse porque les guste el sexo- sino que entre los “adultos” seguimos desarrollando esa tendencia, obligándonos a perpetuar una conducta machista.

Sí, he dicho machista porque así es como es porque, sino, ¿por qué los niños y los “jóvenes” tienen tan poco respeto a las mujeres en pleno S.XXI? Pues porque, básicamente, nos seguimos vendiendo pero, lo peor, es que ahora lo hacemos de forma consciente y sincera porque, tristemente, necesitamos esa dosis de dopamina que nos dan los likes. De esta forma, hemos asumido –aunque duela- que para ser alguien tenemos que vender y, ¿qué mejor forma de vendernos que explotando nuestra sexualidad? Ninguna. Porque todo el mundo sabe que el sexo vende, que un cuerpo bonito vende y si eso vende, ¿cómo no te va a hacer feliz? Pues ahí está el problema que, como bien apuntan Nayara y Roberto, se está convirtiendo en algo tóxico para la sociedad ya que acentúa nuestros problemas socioculturales porque, como bien dice NuFiSa, “es más fácil soltarle un Me Gusta a un cuerpo con tableta y músculos marcados que a otro tapado por una camiseta que se puede poner todo el mundo

Y es, sin duda, en este nuevo contexto donde, los más jóvenes se siguen desarrollando como personas sociales en un mundo lleno de machismos porque para que una mujer esté buena tiene que enseñar su cuerpo en las fotos, tiene que tener grandes pechos, cintura de avispa y culo bastante llamativo, fomentando el estereotipo de mujer delgada mientras que, en los hombres, se sigue trasladando la sensación de poder a través de los músculos y de la fuerza. Y todo esto, no hace que reforzar –de una manera inconsciente- una serie de roles con los que se supone que queremos acabar. Y sí, quizás estamos exterminando los comentarios por la calle, el acoso laboral, el acoso en las discotecas y los bares y etc. pero estamos generando una nueva conducta machista: una tía es más válida si tiene más likes y, por supuesto, es socialmente aceptada si está buena –cosa que te dirán siempre los likes que tenga su foto-. Aunque duela asumirlo, las redes sociales no son más que un nuevo portal que, no sólo usan las marcas para vender y estereotipar de forma inconsciente, sino que se han convertido en la nueva plataforma para seguir fomentando una serie de percepciones sobre el físico y la “valía” de una persona dependiendo de si sube fotos con más o menos ropa y que, como señala Rober, “cuando subes una foto entrenando y sin camiseta, la misma foto normalmente sí se viraliza más”.

Nuevas dependencias emocionales y trastornos de conducta

Por supuesto, en todo esto, no puede no haber un contenido emocional para todos aquellos que se “venden” en las redes sociales. Esta nueva ventana/escaparate supone un avance, pero creo que ya no hacia la era del futuro, sino hacia una sociedad más volátil, con menos valores y, por supuesto, con una dependencia mucho más desarrollada. No sé a vosotros, pero a mi, mi abuela, siempre andaba dándome la murga con que cuando ella era joven, salían a jugar fuera, a correr y a que les diese el sol y no se quedaban en casa jugando a la “maquinita”. Me reía y le decía que no entendía nada porque eso era el futuro y claro, ahora miro atrás y a mi alrededor y me da mucha pena ver que niñas de 11 años ya están tan sumamente enganchadas a los stories de Instagram que dudo mucho que sepan qué cojones pasa a su alrededor más allá de esa mierda. Sí, las nuevas dependencias emocionales nos hacen olvidarnos de lo real, de lo que existe para concentrarnos en un mundo virtual que, realmente, no son más que mentiras con tintes de realidad.

Ya no es solo cuestión de estar constantemente compartiendo qué haces, dónde lo haces, cómo, por qué, cuándo y con quien, sino que, además, acabas dependiendo del hecho de que la gente te “quiera” más por todo eso que les das de tu día a día, de tu vida privada. Por lo que, inconscientemente, estamos generando un síndrome de dependencia emocional con las redes sociales en el que, no solo cambiamos nosotros mismos frente al mundo, sino que cambia el mundo frente a nosotros. Nayara asume que, “antes de ir al ginecólogo o al urólogo, los jóvenes me preguntan a mi”. Al final, este tipo de personas que exponen su vida, se convierten en modelos a seguir y ya no importa cómo sean, quiénes sean o qué hagan, solo importa el número de seguidores, el número de marcas que los patrocinan y la cantidad de vídeos que hacen para darle validez o no. Y, por supuesto, en el sector deporte, con tener un físico envidiable sumado a todas estas variantes, es suficiente para saber si es un “profesional” de la nutrición y del deporte sin hacer muchas más preguntas.

Por supuesto, a todo esto tenemos que añadir que ya no vale solo con subir fotos, perder la identidad en ellas y seguir perpetuando una serie de estándares que son poco beneficiosos a nivel sociocultural, sino que, además, las redes sociales, están consiguiendo lo que nunca nadie –ni el gobierno- había tenido hasta la fecha: tenernos entretenidos y exclusivamente enfocados en el terreno online, mirándonos el ombligo y cayendo en depresión porque no tenemos 10.000 followers o más y una marca no nos quiere patrocinar. La sexualidad es un arma de venta, siempre lo ha sido y como bien dice Nayara, “resulta extremadamente atractivo” por lo que, es mucho más fácil pensar que subir una foto sacando culo nos va a dar más repercusión que una en la que salimos “tapados”. Porque, como dice Rober, siempre habrá alguien que te quite credibilidad porque él/ella hace X y sigue teniendo abdominales.

Por supuesto, como bien afirma Sexperimentando, el hecho de que las mujeres –las fitinfluencers, en las cuales sí, me incluyo- estén haciendo un tipo de “divulgación hipersexual” no es más que un trámite y una forma de seguir haciendo la bola más grande porque nos han educado en una sociedad en la que es esencial aplaudir el culto al cuerpo y, por supuesto, en este aspecto, no iba a ser menos. Sin querer –o queriendo, aún no lo sé-, son esas mujeres y hombres que, intentando fomentar un estilo de vida más saludable –que ahí no digo que no, obvio-, acaban fomentando no solo eso, sino una serie de problemas de conducta y patrones erróneos entre la gente que les sigue: ellas y ellos siguen estereotipando y generando nuevos patrones de conducta machistas en los que ellas están tremendamente buenas y para hacer un vídeo de una rutina de culo se apuntan más a las tetas y al culo, y en los que ellos se graban más levantando muy pesado para parecer más machos.


Zorranbrokn

Una chica más hablando de CrossFit y de todo lo que ello conlleva. Aunque un poco cruel y algo zorra, pero con amor. Always

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

doce + 7 =