11 May 2018

Carta a los Crossfitter perdidos

Llevo días queriendo escribirte esta carta y la verdad es que no sé ni por dónde empezar. Ni siquiera estoy muy segura de que haya Crossfitter perdidos y no sea solo yo que ya no sabe ni dónde está ni quién cojones es. Pero si los hay, quiero que sepas que te entiendo, así, de primeras. Entiendo tu miedo, tu desconcierto, tu pereza, tu desidia y tu vacío. Ese que ahora mismo parece que se ha adueñado de ti y que no te deja ver ni moverte en ninguna puta dirección porque no hace más que darte más dudas de las que ya tienes sobre ti mismo.

Lo segundo que quiero decirte si eres uno de esos Crossfitter perdidos es que lo siento. Siento tener que escribirte esta carta y no poder abrazarte, besarte, decirte, en silencio, que aunque da un miedo de la hostia ahora mismo –todo, así, en general-, algún día mirarás atrás y te reirás. Siento no poder tenderte la mano y ayudarte a caminar otra vez, ayudándote con ese peso que se llama “miedo”. Siento mucho no poder darte ese hombro que sé que tanto puedes necesitar ahora mismo. Siento no poder darte respuestas a tus “¿Por qué?”, “¿Cómo?” o “¿Cuándo?”… Siento, más aún, tener que decirte que, aunque quieras y esperes que alguien te dé la solución a toda esta puta mierda, nadie más que tú tiene las respuestas que necesitas.

Deja de pensar en lo que fuiste y piensa en lo que eres ahora

Las cosas cambian, las personas cambian y es inevitable que tú lo hagas y, déjame decirte que perderse en el camino no es la mayor putada que te puede pasar. Que sí, que ahora mismo estás más perdido que Caperucita en mitad del bosque, pero sé, de primera mano, que todo pasa. Pero todo pasa cuando eres capaz de asumir que tienes un problema y que ese problema te ha hecho estancarte y no saber qué coño quieres en la vida. Y puede que nazca del Crossfit. Puede que no y que tenga que ver con algo tuyo personal pero que, por extensión, te esté afectando a tus entrenamientos. Solo decirte que no puedes estar constantemente echando la vista hacia atrás, pensando en lo guai que era todo antes, en lo bien que entrenabas, en lo mucho que mejorabas y que lo conseguías todo casi a la primera y ahora… ahora estás hastiado, agotado y sin ganas porque parece que no encuentras ese cachito de ti que antes conocías tan bien.

Déjame decirte que eso, querido, te ha pasado durante más tiempo del que crees pero que, por culpa de las expectativas, has caído en el pozo de la desidia. Me siento en la obligación moral de decirte que, las decepciones NO EXISTEN, solo las expectativas mal –muy mal- gestionadas y que eso, es lo que realmente te ha hecho estar donde estás hoy. Quizás, en algún momento, pensaste que podrías ser como esos atletas que aparecen de la nada y que, de pronto, son unos pro. Y, ojo, que no te digo que nunca vayas a serlo, pero que las cosas llegan a cada cual con un ritmo y una cadencia muy diferente y que, por supuesto, todo depende de las prioridades que te hayas puesto tú mismo. Porque vale, puedes querer ser un pro y petarlo en mil competiciones en RX y llevarte todos los premios habidos y por haber pero… ¿es el Crossfit una prioridad real en tu vida? ¿O es solo algo que haces por sentirte bien y crecer un poco más sin importar lo que digan los demás?

Deja de seguir admirando a gente y empieza a admirarte un poco más a ti

Una vez, una amiga, me dijo que me infravaloraba mucho en mi vida y, sinceramente, razón no le falta. Y lo sé ahora, porque, yo he estado en esta situación –más veces de lo que me gustaría y con resultados bastante nefastos en mi vida-. Porque, de tanto admirar a la gente y dejar que esa gente sea quien me valore, he dejado de hacerlo yo para conmigo misma y, por supuesto, eso no me ha llevado a ser mejor, sino a decepcionarme día tras día. Estamos tan acostumbrados a tirarnos por el suelo esperando a que alguien venga y nos diga que somos guais, tops y que no nos desanimemos que muchas veces ya no sabemos ni hacérnoslo cuando más lo necesitamos. Y aunque cuesta, lo cierto es que es lo principal y lo más necesario cuando vamos como pollo sin cabeza. Porque sí, te entiendo más de lo crees, entiendo que hay un momento que pasamos todos –porque la vida es cíclica, como el Crossfit- y que nos perdemos en un mar de dudas, pero es, básicamente, porque esperamos ser lo que otros quieren, creen y desean que seamos. Pero muchas veces, eso no es la realidad, como tampoco lo es la imagen que nos hemos creado de nosotros mismos que, en muchas ocasiones, es más lo que nos han dicho los demás que lo que nosotros pensamos y creemos.

Y ahí, en ese punto en el que no nos sentimos parte de esa realidad que muchos contemplan de nosotros, es cuando caemos en picado hacia una realidad que no nos gusta y que nos hace sentirnos más perdidos que otra cosa. Porque, de tanto admirar a la gente, se nos olvida mirarnos el ombligo y se lo miramos a ellos, comparándonos, haciéndonos preguntas de por qué él sí y yo no, cómo lo ha hecho y cuándo y así en bucle. Y es que, sinceramente, no es que las comparaciones sean odiosas, ¡es que son una puta mierda! Sé que es muy jodido no compararte, no mirar hacia los lados y ayudarte a hundirte un poco más en la miseria mientras te dices a ti mismo que no vales para nada porque el resto del mundo es mejor que tú, pero, créeme… ¡eso no te hará volver a sentirte bien con el Crossfit!

Mi consejo es simple: respira hondo, date una tregua, tómate una semana sabática y reconócete en cada centímetro de piel. Apréndete, deja de juzgarte de forma negativa y crece, con cada experiencia, con cada WOD y con cada compañero que ves en Crossfit porque, sinceramente, esa es la manera que todos tenemos de admirarnos: sabiendo quiénes somos y quién queremos ser. No, no es fácil, pero parar y tomar perspectiva es lo que, realmente, te hará verte a ti mismo, aunque no sea de una forma completamente objetiva.

No conviertas las cosas en una obligación y menos el Crossfit

Sé de primera mano que no soy la única que ha vivido uno de esos ciclos de vida de desidia con el Crossfit. Hablo de esa temporada en la que vas porque tienes que ir –no porque quieres-, que entrenas a disgusto, no acabas los WODs, no sientes que te has exigido nada, te quedas atrás, no sonríes, no te diviertes y, por supuesto, te vas a casa con más desidia, cabreado y pensando “Esto es una puta mierda, ¡me lo dejo! Total… para estar así…”. Pero como buen Crossfitter, y como uno de esos que andan más perdidos que un pollo sin cabeza, no lo haces. Y no lo haces porque sabes que, en el fondo, si lo haces te odiarás –y no precisamente por las agujetas que tendrás al volver-, si no porque se te quedará un vacío en la vida que no será fácil rellenar. Y si aún no lo has experimentado en tus propias carnes, te digo ya que es un puta basura de sentimiento. Porque, para los que hemos mejorado como persona gracias al Crossfit, que nos sentimos en “casa” y que sabemos que el Box es ese sitio donde dejamos la cabeza para salir más maduros, más fuertes y más sabios… dejar de entrenar es un verdadero suplicio. Y sí, sé que es un poco contradictorio esto porque, ¿para qué vas a ir si ya no te divierte? ¿Si el Crossfit ha pasado de ser algo que hacer porque quieres a algo que tienes que hacer? La respuesta es mucho más sencilla de lo que tú crees: ¡te has autoimpuesto ser algo que no eres! Por eso, te has convertido en uno de esos Crossfitter perdidos que ya no disfrutan como enanos en cada entrenamiento.

Y eso, duele, duele mucho. Porque de pronto, dejas de sentirte tú y no te reconoces pero… sigues tirando de un hilo que cada vez está más tenso y que, obviamente, cada vez aguantará menos. Y eso te hace enfadarte con tus compañeros, con tu Coach, con tus cosas de Crossfit, con el Box, con el Crossfit, con todo menos darte cuenta de que, realmente, estás enfadado contigo mismo porque estás perdido y lo odias. En serio, ¡no hay más! Me encantaría decirte que sí, que el Crossfit tiene la culpa de que tú, de la noche a la mañana te hayas convertido en un paquete y te enfades por “perder”, pero no. La culpa es tuya y solo tuya porque, de pronto eres uno de esos Crossfitter perdidos que se sienten en la obligación de demostrarle al resto del mundo de lo que son capaces y que, por dentro, se sienten vacíos porque saben que, lo que hacen, no les llena.

Si lo necesitas, pide ayuda

Reconozcámoslo: a nosotros mismos no nos conocemos una mierda, sin embargo a los demás sí. Pues eso, más o menos es lo que les pasa a tus compañeros contigo. Y no hablo del Box en general, sino de esos compañeros que te han visto día a día, crecer, romperte, partirte el lomo y, muy a su disgusto, verte convertirte en uno de esos Crossfitter perdidos de los que hablo. Reencontrarse no es fácil porque no vuelves a ser lo que fuiste en ningún momento. De hecho, hay una frase que a mi me hizo entender mucho mejor este proceso, es del Sombrerero Loco –un hombre jodidamente inteligente y guapo si hablamos del personaje de Jhonny Deep-, de Alicia en el País de las Maravillas: “Sabía quién era esta mañana, pero he cambiado varias veces desde entonces”. ¡¡Es que es inevitable crecer y perderse en el proceso!! Créeme, yo lo he hecho muchas veces ya en lo que va de año. Lo peor, es ser consciente y seguir perdidos por vergüenza a pedir ese empujón que más de uno hemos necesitado, por no ser capaces de reconocer y asumir que sí, que no acabamos los WODs y que nos da rabia que nos ganen, por ejemplo. Y, ¿sabes qué? Que el que tiene vergüenza, ¡ni come ni almuerza! Así que trágate tu orgullo porque en tu Box, el que te quiera, forma parte ya de tu familia y la familia SIEMPRE va a estar ahí para apoyarte.

¡Ojo! Que no te digo que les hagas una disertación sobre cómo te sientes o que les digas que te tracen el camino a andar, simplemente, sé sincero y diles que, desde hace tiempo, ya no te motiva el Crossfit. Quizás ellos ya lo sepan y pasen de saber por qué o te dejen a ti solo para darte cuenta de tu propia mierda, pero pedir ayuda cuando se es uno de esos Crossfitter perdidos, ¡es lo mejor! Y lo es porque, sin saber cómo, ellos te ayudan a conectar contigo por dentro, te vuelven a hacer sentir esa persona que eras cuando entrabas por la puerta del Box, te hacen recuperar esa ilusión y las ganas de entrenar haciendo que el Crossfit vuelva a ser para ti una pasión y no una obligación. Ellos, te conocen y saben, tanto como tú, qué necesitas en cada momento y, sinceramente, cuando pides ayuda a la gente que quieres y que te quiere, ¡te van a tender la mano sin rechistar y sin dudar!

Así que deja de pensar que todo es una mierda, sal de ese maldito bucle y plántate en la casilla de salida. No va a ser fácil y no es nada divertido dar pasos sin saber dónde coño vas, pero si consigues dejar de ser de ese tipo de Crossfitter perdidos y volver a emocionarte e ilusionarte con el Crossfit –que yo sé que es lo que te da la vida y la felicidad-, ¡podrás ir sacando el resto!


Zorranbrokn

Una chica más hablando de CrossFit y de todo lo que ello conlleva. Aunque un poco cruel y algo zorra, pero con amor. Always

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