18 Ene 2018

Todo está en tu mente

Hace unos días ya te lo contaba a través de un Facebook Live, aunque también te lo he dicho ya en varias muchas ocasiones en varis artículos de este blog que, para mi, son la mejor forma de explicar lo que siento cada vez que entreno. Sé que no lo explicas tú pero que, en el fondo –o no tan fondo-, me entiendes porque, en algún momento te has sentido así. Lo cierto es que desde hace algunas semanas, he podido entender que la mente es el 60% de nuestro entrenamiento, de nuestro día, de nuestra vida.

Al final, es tu mente la que decide qué barreras se pone y cuáles sortea. Es tu mente la que te va a hacer creer que puedes o que no. Es tu mente la que te va a hacer que pierdas la batalla o la ganes y, por supuesto, es la responsable de cómo te sientas al respecto. No creo que haya que desobedecer a la mente pero tampoco hay que obedecerla siempre al 100% y no por la mierda esa de “Si se quiere, se puede” porque a veces quieres, pero no puedes o no te nace por la razón que sea.

Todo está en tu mente

Tu mente te impone tus propios límites

Si hay algo que me hace mucha gracia es que hasta hace un año o así era una persona que no sabía tener límites, o más bien ponerlos. Siempre he dejado que el resto del mundo me determinase en muchos aspectos y, sin saber muy bien cómo, he aprendido a poner límites. ¿Es eso bueno? Pues por un lado te voy a decir que sí y que sienta cojonudo porque, claro, ahora la gente me mangonea menos y decir que no cuando realmente quieres decir que no siempre sienta cojonudo. Pero te he de ser sincera: aprender a poner límites hace que también te los pongas a ti misma. Y no sé muy bien cómo o por qué, pero lo cierto es que esto pasa. Por supuesto, supongo que será como todo con la mente: ir desbloqueando casillas hasta que encuentres que todas las que quieres que lo estén, lo están. ¿Tiene sentido? Bueno, si no lo tiene lo siento, al final es una locura más de una rubia Crossfitter.

El caso es que, como tú, alguna que otra vez –y desde hace un tiempo está siendo algo normal en mi día a día- me he dicho a mi misma eso de “No puedo” o “No quiero”. Insisto en que no quiero ser hipócrita y venderte eso de “Si quieres, puedes” porque a lo mejor en tu WOD pone que tienes que hacer un Snatch con Dumbell y llevas dos meses haciendo Crossfit, tu mente dice “No puedo” y por leerme a mi acabas con la mancuerna incrustada en la cabeza, así que quédate con la idea de que hay que ser realistas. Muchas veces puedes y no quieres y, aunque he de decirte que está bien, te recuerdo que es simplemente un límite que has decidido –de forma consciente o inconsciente, me da igual- autoimponerte porque, sencillamente, tienes miedo.

 

Tu miedo es lo único que hace que tus excusas sean más fuertes que tus ganas de superarte

Lo creas o no, en esto sí que les voy a dar la razón a los influencers esos que son más Coach Motivacionales –aunque sea de pacotilla- que gente del mundillo del fitness. En esa parte, esa que pocos nos planteamos y la que pocos realmente nos cuestionamos, es donde reside nuestra parálisis. No sé por qué es la tuya, quizás sea porque de pequeño te caíste y ahora te da miedo; quizás sea porque tus padres te han educado para que no seas un perdedor y te ves en la obligación de no defraudarlos a ellos; quizás simplemente sea porque eres una persona competitiva que no sabe dejar ganar a los demás por mucho que ellos sean mejor que él. No sé por qué será que tu mente te pone trabas y límites haciendo que tú los conviertas en excusas válidas para abandonar. Sí, porque al final, lo quieras o no, tu mente solo te dice lo negativo que hay en ti, todos los días, a todas horas. Porque nos han educad a ser así por lo que, aunque vayas de diferente y de trasgresor, lo cierto es que tu mente es la que manda. Por mucho que hayas superado muchas barreras ya, aún te quedan muchas cadenas que romper y las primeras y las más básicas están en la mente.

Porque la mente es la que manda y sí, aunque tu cuerpo esté cansado, si tu mente dice que más, pues podrás con más. Es igual que cuando comes: aunque estés a punto de vomitar porque has comido hasta la saciedad, si tu mente dice que quiere postre, da igual el hueco que tengas en el estómago porque el postre cabe sí o sí. Pero en el caso de que tu mente diga que no… ¡ay, amigo! Ahí sí que la llevas clara porque, por mucho que tu cuerpo diga que puede aguantar un poco más, no vas a poder. Y claro, ahí es cuando empiezan los problemas, los marrones para ti contigo mismo. Es cuando empiezas a cuestionarte todo lo que haces y buscas las excusas más absurdas para justificar el hecho de que has entrado en un ciclo de desidia.

La mayoría de las veces el problema no está fuera, sino dentro

En mi caso, la mayoría de las veces, en vez de mirar hacia mi para reconocer el problema, intento justificarme con mil cosas, que si el entrenamiento, el frío, el cansancio –aunque esto también es una cosa real-, los compañeros… todo menos yo. Porque claro, ¿cómo vamos a tener nosotros mismos el problema? A veces son cosas que ni nos planteamos pero es lo que más necesitamos mirar porque esa es la única forma de reconocernos, conocernos y seguir mejorando. Sí, sé que cuesta, que da miedo pero saber por qué hacemos las cosas –desde nosotros mismos sin mirar a nuestro alrededor- es lo que nos ayuda y nos hace seguir creciendo y ser mejores de lo que éramos minutos antes. La cabeza, al igual que un bíceps, es un músculo que se trabaja, pero es imposible que lo trabajemos si le hablamos en negativo. Como ya te he dicho, somos nosotros mismos los que nos ponemos los límites y los que nos exigimos ser cosas que a veces no somos o no necesitamos ser.

Porque, lo creas o no, NO necesitas demostrarle NADA a nadie. No necesitas justificar tus logros, tampoco tus fallos. No necesitas ser mejor que nadie, solo ser un poco más consciente de quien eres para poder ser mejor. Y esa es la realidad en la que deberíamos vivir, sobre todo cuando entrenamos. Porque sí, todos hemos pasado meses terribles en los entrenamientos, momentos en los que nos hemos sentido perdidos haciendo Crossfit ya sea porque nos hemos estancado, porque nos hemos decepcionado a nosotros mismos o, simplemente, porque tenemos miedo a que nos juzguen y que así, alguien, nos dé esa visión de vuelta de una de las debilidades que más odiamos de nosotros mismos. Pero déjame decirte que ESA es la única forma de ser conscientes de nosotros mismos, de aprender y de querer seguir mejorando por y para nosotros mismos. Aunque también te digo que, a veces, una conversación de verdad y profunda con un compañero, con tu Coach o con alguien que te conozca lo suficiente, ayuda mucho a poder superar esos límites que te está poniendo a ti mismo.

No necesitas ser nada que no eres

Muchos, los límites, los tenemos porque vivimos presionados por ser lo que los demás quieren que seamos. Y no solo hablo del trabajo o de las expectativas sociales –ten novio, cásate, ten hijos, etc-, sino en el hecho de que, gracias o por culpa de las redes sociales, estamos mucho más expuestos y es en ese mundo donde fingimos ser una persona que, quizás, no somos o somos en parte. A veces, es más lo que creemos que piensan los demás lo que nos limitas y nos hace crearnos nuestras propias barreras. Sé que es una mierda, pero nos pasa a la gran mayoría. A mi me pasa. De hecho, esto me ha costado más de un entrenamiento hasta que entendí que no puedo ser lo que no soy; que no importa lo que los demás esperen de mi porque no tengo nada que demostrarle a esa gente que exige algo de mi porque los que realmente ME importan no están ahí. Las únicas personas que cuentan en este largo camino llamado vida, son las personas que te conocen y te quieren por ser quien eres, por hacer las cosas como las haces y por pensar lo que sientes y crees en cada momento. Nada más. Y te aviso ya: esa gente no necesita que le demuestres NADA porque estarán ahí cuando triunfes, pero sobre todo cuando fracases para tenderte la mano y ayudarte a levantarte, porque son tus compañeros, tu nueva familia. Vivimos en esa obsesión por ser alguien cuando realmente ya somos alguien para muchas personas, pero nos empecinamos en obtener un reconocimiento que, seguramente, en algún momento no nos fue dado o, en su defecto, se nos dio en exceso. Y realmente de la única persona que necesitamos las palabras de ánimo, el apoyo y el reconocimiento es de nosotros mismos. Sé que es difícil, sé que cuesta cambiar esa forma de pensar y sé que es más difícil aún darte tú misma ese reconocimiento para evitar bloquearte porque siempre te han dicho que debe venir de los demás, pero no es así. Deja de buscar fuera las fortalezas que SOLO tú posees y céntrate en seguir mejorando un poquito más. Si decides ir a por todas que sea de verdad, sin miedos y sin complicaciones mentales porque la mente, aunque no lo quieras, también se trabaja.

Trabaja tu mente casi más que tu cuerpo


Zorranbrokn

Una chica más hablando de CrossFit y de todo lo que ello conlleva. Aunque un poco cruel y algo zorra, pero con amor. Always

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